En el valle del río Ara se dan una serie de microclimas, derivados del relieve, que hacen imposible describir un clima único para toda la zona. Al estar situado este valle en las proximidades del núcleo central de la cordillera, presenta una acentuada continentalidad –aunque es menor a la que se puede encontrar en los Alpes por la mayor entidad de esta cordillera-. El puerto de Cotefablo constituye una importante barrera física a los flujos húmedos del atlántico. Las precipitaciones máximas en estos ambientes se producen durante el otoño.

El clima en estas áreas de montaña está muy condicionado a los rasgos del relieve. Existe por ello un fuerte gradiente altitudinal con respecto a temperaturas y precipitaciones, y unas variaciones significativas de temperatura y humedad relativa con respecto a la orientación de las laderas. Estos cambios los deberemos tener muy presentes en nuestras salidas junto a la rápida evolución que pueden tener las condiciones meteorológicas en estas zonas de montaña.

Aun así, en la cabecera del río Ara se da una relativa abundancia de lluvias, por lo que, en general, el déficit de aguas se reduce a uno o dos meses en las exposiciones más solaneras de media montaña. La continentalización se pone de manifiesto por la existencia de grandes superficies cubiertas de coníferas y robles marcescentes en estas sierras. También se hace patente en la menor abundancia de los hayedos con respecto a los valles occidentales; en estos valles se refugian en las umbrías más frescas cerca de los fondos del valle. Las lluvias de otoño son algo irregulares y pueden presentar una fuerte intensidad, en especial cuando la influencia mediterránea se presenta unida a un efecto de “gota fría”. En primavera son los frentes procedentes del Atlántico los que proporcionan unas precipitaciones más regulares. Los veranos son relativamente lluviosos por la abundancia e intensidad de los fenómenos tormentosos, si bien estos presentan una acentuada variación interanual.

El total de precipitación anual aumenta en general con la altitud, aunque los factores topográficos locales influyen en que la lluvia sea algo más escasa cuanto más al sur y más al este nos desplazamos dentro del valle.

La isoterma de 0 ºC en invierno se ha situado históricamente a unos 1.650 metros de altitud y permite conocer el nivel medio de la nieve en esta estación. La isoterma de 0 ºC anual históricamente se ha elevado a unos 2.800 metros, de manera que proporciona el límite altitudinal de las nieves perpetuas. A estas altitudes medias hay que tener en cuenta la intervención de forma importante de la exposición y la situación orográfica para definir el nivel altitudinal de las nieves.

Los caudales que circulan por los ríos se corresponden significativamente con la precipitación de cada época, a excepción de la primavera. Durante los meses de mayo y junio, al juntarse las lluvias aportadas por los frentes atlánticos con las aguas de fusión de la nieve, el caudal que circula por los ríos es alto y muy sostenido; son los llamados localmente “mayencos”. En esta época se aprovechaban los mayores caudales para bajar la madera a la tierra baja con la ayuda de las navatas. Las navatas son grandes barcas de troncos de varios cuerpos, que eran conducidas por los navateros río abajo hasta su venta en el llano. La construcción de las presas de Mediano y El Grado y la crisis del sector maderero acabaron con estas prácticas.