Paisaje vegetal

Las especies vegetales aparecen asociadas en función de sus afinidades ecológicas formando comunidades más o menos estables conformando: bosques, matorrales, pastos, etc.

La distribución de estas comunidades en estos medios montañosos se explican principalmente en función de las diferencias en las condiciones del medio físico, como son: los suelos, las pendientes, los niveles altitudinales y las orientaciones. A estos factores del medio físico hay que unir el importante papel que juega y ha jugado históricamente el hombre en la transformación de la cubierta vegetal de este territorio.

En los montes del término de Torla predominan las superficies cubiertas de pastizal en el medio alpino. En el medio subalpino y montano predominan las formaciones arbóreas de bosques de coníferas de alta y media montaña. En este medio montano encontramos también importantes superficies cubiertas de formaciones de frondosas como hayedos, robledales y formaciones mixtas de frondosas. En este medio subalpino y montano también hay importantes superficies cubiertas de pastizal y matorral, extendido de forma artificial por la acción histórica del ganado.

Las formaciones de coníferas están dominadas por dos especies que tienen en común sus cortas piñas y acículas: el pino silvestre (Pinus sylvestris) y el pino negro (Pinus uncinata). El pino negro se diferencia morfológicamente del pino silvestre por su porte más cónico y recogido, que le permite aguantar mejor las nieves, y su corteza oscura. Es también muy característico del pino silvestre el gancho que tienen parte de las escamas de la piña. El pino silvestre presenta un característico tono rojizo en el tercio superior de la corteza.

El pinar de pino negro habita en las estaciones más duras de alta montaña por altitud, pendiente, acción de la nieve o escasez de suelo. También lo encontramos en las umbrías y fondos de valle, en cotas  relativamente bajas, fruto de la inversión térmica. Estos pinares han visto reducirse de forma importante su potencial extensión debido a la acción histórica del ganado. La presión ganadera ha llevado a que estas formaciones se refugien en las laderas más pendientes y los terrenos más erosionados, que resultan inaccesibles para el ganado.

El pinar de pino silvestre se extiende por las laderas del nivel montano tanto de orientación sur como norte. En las umbrías conforma el denominado pinar “musgoso”. Su denominación se debe a la densa alfombra de musgos que le caracterizan. Son pinares que resaltan por la densidad y rectitud del arbolado. Son formaciones que se ven acompañadas por la presencia de abetos (Abies alba), hayas (Fagus sylvatica), rodales de temblones (Populus tremula), etc. En el sotobosque encontramos el omnipresente boj (Buxus sempervirens), el avellano (Corylus avellana), el acebo (Ilex aquifolium), etc. En las solanas, el pinar presenta unas densidades inferiores y unos portes de peor calidad, portes incluso tortuosos en ejemplares solitarios. Las principales especies arbustivas que acompañan a estos pinares son: el boj (Buxus sempervirens), que presenta tonalidades rojizas y pardas, la aliaga (Genista scorpius), el erizón (Echinospartium horridum), el enebro (Juniperus communis), etc.

El abetal aparece mezclado con el pinar y el hayedo en cotas entre 1.400 y 1.700 metros. Se localiza en los terrenos que presentan las condiciones de pendiente y desarrollo edáfico más favorables. Las formaciones más densas y puras las encontramos en torno a la confluencia del barranco de Cotatuero y el río Arazas

Las masas de hayedo (Fagus sylvatica) cubren preferiblemente las laderas de umbría del piso montano de los valles más estrechos y húmedos. Forman tanto masas monoespecíficas como masas mixtas con los pinos y abetos. En estas formaciones pueden aparecer en los ambientes más húmedos pies sueltos de tilo (Tilia platiphylos), fresno (Fraxinus excelsior), arce campestre (Acer campestris), abedul (Betula pendula) o serbales (Sorbus aria).

Las principales manifestaciones de hayedo las encontramos en las umbrías del Valle de Ordesa y de la cabecera del río Ara (Valles de Bujaruelo y Ordiso). Pero también encontramos estas formaciones, debido a la inversión bioclimática, en el pie de las laderas de solana del Valle de Ordesa. Frente a lo que se pueda pensar, los hayedos especialmente densos y maduros  presentan una extrema pobreza florística. La elevada densidad de la cubierta vegetal impone importantes restricciones para el desarrollo del sotobosque.

En las zonas medias y bajas, aparece con frecuencia el roble marcescente (Quercus gr. cerrioides), formando masas puras o mixtas con el pino silvestre. El robledal marcescente ocupa preferentemente las laderas de solana más protegidas frente al frío en cotas por debajo de los 1.600 metros. Se trata en muchos casos de dehesas boyales. Éstas deben su origen al aprovechamiento mixto de leña y zona de pasto para los animales de tiro que se realizaba en las laderas de solana situadas en las proximidades de los núcleos de población. En este ambiente aparece de una forma salpicada la carrasca (Quercus ilex L), que coloniza las laderas de mayor pendiente y con menos suelo.

En la zona de ribera o entorno a las zonas de prados del nivel montano encontramos importantes manifestaciones de bosques mixtos, donde destaca la especial abundancia de los avellanos. Estas formaciones mixtas colonizan laderas ocupadas históricamente por cultivos en fajas. También encontramos esta formación constituyendo la orla de bosque ripario situada en la franja a salvo de las avenidas ordinarias de los principales cursos de agua. También encontramos esta formación conformando los setos que limitan las propiedades del fondo y el pie de las laderas del valle. Encontramos en estas formaciones gran variedad de especies arbóreas y arbustivas entre las que destacan las siguientes: el avellano, (Corylus avellana), el roble marcescente (Quercus gr. cerrioides), el fresno (Fraxinus excelsior), el abedul (Betula pendula), el tilo  (Tilia platyphylllos), el álamo temblón (Populus tremula), el tejo (Taxus baccata), los serbales (Sorbus aria y Sorbus aucuparia), el pino silvestre (Pinus sylvestris), etc.

En torno a los principales cursos de agua, en la franja inundable, encontramos unas formaciones en galería que corresponden a las saucedas. En estas formaciones aparecen principalmente dos especies de sauces arbustivos que son Salix eleagnos y Salix purpurea. Estas especies arbustivas se caracterizan por la elasticidad de sus ramas, que les permiten resistir perfectamente la acción de las avenidas. Encontramos sus manifestaciones más extensas y mejor conservadas en torno a los principales cursos a altitudes inferiores a los 1.500 metros.

En el término de Torla encontramos importantes superficies ocupadas por arbustos. Los arbustos están presentes en el sotobosque de las formaciones arbóreas o cubriendo superficies desarboladas. Su máxima representación la encontramos en torno a las zonas de canchales o rocosas, antiguas zonas de pastizales en proceso de abandono y zonas incendiadas.

La especie arbustiva más presente en estos montes es el boj (Buxus sempervirens). Esta especie está presente en todos los tipos de bosques antes descritos, con la excepción de los pinares subalpinos de pino negro. Puede constituirse como masas prácticamente monoespecíficas o en mosaico con pastos, con escasa presencia de arbolado. Sus manifestaciones en terrenos degradados por erosión se pueden constituir en masas casi permanentes por las grandes dificultades para la colonización por el arbolado. En altitudes mayores cohabita con el erizón formando masas impenetrables.

El erizón (Echinospartium horridum) es una mata con forma de cojín y espinosa. Se trata de una especie colonizadora que se extiende por las laderas de solana poco pastoreadas. Es una especie que recoloniza con mucho éxito las superficies tras un incendio.

Los canales de aludes son fácilmente indentificables en el piso montano por la ausencia de una cobertura arbórea estabilizada. Estos “canales” aparecen colonizados, tras un alud, en un primer estadio por formaciones herbáceas y progresivamente van entrando arbustos y árboles pioneros como: el sauce cabruno (Salix caprea), el sauco (Sambucus racemosa), las zarzas (Rubus ulmifolius), los rosales (Rosa sp.), el frambueso (Rubus idaeus), el abedul (Betula pendula).

Los prados naturales corresponden a formaciones derivadas de la intervención humana mantenidos por los trabajos de siega, abonado, pastoreo e incluso riego. Se establecen en el valle en terrenos con suelos relativamente profundos y de moderada pendiente. Sus formaciones están integradas principalmente por gramíneas y leguminosas. Presentan una extraordinaria riqueza florística cuando se mantiene el aprovechamiento ganadero.

Extensas zonas del dominio subalpino y alpino del término de Torla aparecen cubiertas de pastizales. Se trata de distintas comunidades de herbáceas que se mantienen en un equilibrio dinámico con el medio y la presión ganadera. Las formaciones más tupidas y tapizantes las encontramos en las pequeñas depresiones, en las superficies más innivadas, en los suelos más profundos y en las laderas de menor pendiente. Muchas de las superficies de pastizal se desarrollan sobre laderas inestables o sujetas a intensos fenómenos periglaciares relacionados con la acción de hielo y deshielo. En estas superficies los pastizales presentan formaciones más abiertas y discontinuas. Hay que destacar en estos medios, a este respecto, el fenómeno de los pastos en graderío.

A parte de las agrupaciones que se describen, cabe mencionar explícitamente la existencia en todo el término de Torla de un gran número de endemismos y especies de interés, sea por estar catalogadas como vulnerables, en peligro de extinción, raras o por simple interés biogeográfico. La mayor parte de ellas se localizan sobre los substratos pedregosos, afloramientos rocosos y prados de montaña.